Yo seré tuyo, Bolivia. El levantamiento contra el Milei del Altiplano.

 

Se está produciendo en Bolivia, en estos momentos, una gran movilización que abarca a amplios sectores de la población: campesinos e indígenas, grupos ambientalistas, cooperativistas mineros, juntas vecinales y maestros rurales. Sucede que hace menos de un año asumió Rodrigo Paz Pereira, un nuevo presidente que vino a terminar con el ciclo del MAS (Movimiento al Socialismo) de Evo Morales, el cual llegó hackeado, entre otras cosas, por múltiples acusaciones.

​Cuando llegó al Palacio Quemado, Rodrigo Paz no era el más radical de los dos candidatos. A pesar de liderar una fundación huérfana de postulados de izquierda, aparecía como un moderado que debió gran parte de su ascenso y su posterior triunfo a los votos prestados que el descontento con el MAS le proporcionó. Pero han pasado apenas seis meses de su victoria. El hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, un puro producto de la casta política boliviana, no ve ahora con malos ojos que algunos comiencen a llamarle "el Milei boliviano", una denominación que en noviembre le calzaba más a su rival, Jorge Quiroga, habitué de peregrinar a Buenos Aires para reunirse con La Libertad Avanza.

​Paz llegó al gobierno con el discurso de un "capitalismo para todos", pero pronto reveló su esencia. Leyes, decretos y gestos simbólicos fueron dando la pista de que lo que se proponía era restaurar a la élite tradicional. Ante esto, los amplios sectores que le prestaron el voto se sintieron traicionados. A pesar de que Paz dijo que no iba a privatizar y que iba a prestar plata a los menos pudientes, lo primero que hizo fue eliminar el impuesto a la riqueza y sacar una ley donde se dice que la tierra puede estar ociosa por diez años sin producir.

​Así se edificaron protestas múltiples que comenzaron hace siete semanas, pero luego las movilizaciones se fueron extendiendo hasta abarcar a los sectores más diversos: desde campesinos hasta maestros rurales, e incluso la policía estuvo a punto de sumarse a los reclamos. Unos protestaban por una ley agraria que apuntaba a convertir tierras de propiedad comunal en propiedad individual; otros, contra la llamada "gasolina basura", un combustible de pésima calidad importado con el pretexto de abaratar su precio y que acabó arruinando decenas de miles de vehículos; además, el precio del oro también tuvo su lugar en estas protestas. Otros reclamaban aumentos de sueldos ante una inflación creciente, y otros, el restablecimiento del impuesto a las grandes fortunas que había quitado el presidente Paz, quien asumió en noviembre de 2025.

​Las protestas fueron escalando a pesar de que el Senado, para sacar presión, dejó sin efecto por un tiempo la ley de contrarreforma agraria. Los campesinos aymaras decidieron seguir saliendo a las calles, y lo mismo hicieron el grueso de los mineros, los maestros y las federaciones sindicales, a pesar de los intentos del gobierno por dividir a esos sectores. Finalmente, la Central Obrera Boliviana se sumó a las protestas a través de una convocatoria a huelga general. Esta fue una bandera que pasó a unificar al movimiento, la cual dio lugar a otra consigna que lo unificó aún más: el pedido de renuncia del presidente Paz.

​La fuerza del movimiento radica en su horizontalidad, en el hecho de que no tiene una dirección única, ni mando, ni cabeza visible. Si es capaz de armar una agenda política colectiva e inteligible por el conjunto de la sociedad, puede lograr instalar un gran antecedente y dejar atrás las divisiones que lo han debilitado en los últimos tiempos. Sería también la única posibilidad de garantizar, de cierta manera, que las derechas en sentido amplio no se salgan con la suya y descarguen sobre los rebeldes, sobre los más desfavorecidos y sobre quienes protestan hoy, la responsabilidad de una crisis que les es por completo ajena.

​Este es el primer capítulo de las protestas en Bolivia en contra del presidente Rodrigo Paz Pereira, a quien ahora no le cae mal el sayo de ser el "Milei del Altiplano".

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