El rol del Estado en las recurrentes crisis de capital

 

En las crisis económicas que dan lugar a crisis de Estado y de autoridad, es  éste el que asume un papel decisivo en la construcción de iniciativas que intentan superar las causas de esa crisis. En estos casos, su intervención tiene una cualidad constructora de un nuevo orden, y busca resaltar ese papel creativo basándose en las expectativas existentes. A veces, también se suman acciones parciales que la propia sociedad va desarrollando ante el impacto de la crisis.

 La crisis de Estado siempre va acompañada de márgenes de tolerancia más o menos amplios y de arbitrariedades más o menos intensas por parte de las autoridades, que pretenden dar respuesta a los problemas que afectan a la sociedad. Todo esto provoca que, con el paso del tiempo, los Estados concentren toda su fuerza social: monopolizada, coercitiva, legal, económica y de legitimación. Esto permite que los bloques sociales emergentes se desarrollen con más fuerza e intenten construir nuevos órdenes socioeconómicos, transformando las estructuras internas de cada país y con ello también del mundo

 Estos procesos contribuyen al debilitamiento de las viejas ideologías de legitimación y del orden global de relaciones interestatales que hasta entonces estaban vigentes. Este papel decisivo de la acción estatal en los procesos de transformación económica fue señalado de forma clara y acertada por Marx hace más de 150 años. De hecho, en el capítulo 24 de El Capital se estudia el proceso histórico de acumulación originaria que dio lugar al capitalismo, pero también es un análisis sobre el papel fundamental que desempeñan los Estados en los periodos de transición social.

 En estas circunstancias, el Estado —definido como «fuerza concentrada y organizada de la sociedad»— se presenta como una «potencia económica» que actúa como «partera» que facilita el paso de una forma de sociedad antigua a una nueva. Pero no solo ocurre así en los inicios del capitalismo: al igual que el pecado original de la teología, las características de la acumulación originaria están presentes de forma intermitente a lo largo de toda la historia de la humanidad que ha adoptado el capitalismo como forma de organización.

 En la etapa de funcionamiento regular y estable de la sociedad moderna, el orden y la reproducción del capitalismo contemporáneo se mantienen gracias a lo que se denomina «coacción sorda»: la educación, los hábitos y la tradición, así como las «leyes naturales de la producción», es decir, las propias leyes de funcionamiento del capitalismo y de valorización de las mercancías. Sin embargo, en los periodos de crisis excepcionales, la acción del Estado recupera su protagonismo como «potencia económica», y su intervención permite el tránsito de un régimen de acumulación capitalista antiguo a otro nuevo. Este proceso se ha producido de forma repetida a lo largo de la historia del capitalismo y volverá a ocurrir mientras exista este sistema.

 Los mecanismos que señala Marx para analizar el protagonismo de las fuerzas estatales en los momentos de transición social resultan muy claros. Por ejemplo, el autor habla de la expropiación privada de bienes públicos, la apropiación de bienes comunales, los cambios en la legislación laboral que regulan la jornada, la intensidad y el salario, la transformación de los «recursos nacionales» que pasan de ser bienes para la población a convertirse en «fuentes de acumulación de capital», la creación de mercados internos y el acceso a alimentos y medios de trabajo, la conquista y el saqueo de regiones, la modificación de los sistemas coloniales y de las fronteras estatales, las guerras comerciales entre potencias económicas, las medidas proteccionistas, el apoyo estatal para fortalecer a las industrias, el uso de la deuda pública para generar capital empresarial y la reorganización del sistema crediticio internacional.

 En las fases de transición entre modelos de acumulación, la acción del Estado puede recurrir a varias, a muchas, a todas estas medidas o a las que mejor se adapten a las nuevas circunstancias. También, en los momentos de definición de mecanismos de gobernabilidad y legitimación, el Estado sigue siendo el centro y el escenario principal, donde se establecen las nuevas relaciones de fuerza social y se definen las características del nuevo orden económico y político que está surgiendo.

 

Quizás la situación actual indica que nos encontramos en uno de esos momentos en los que un modelo capitalista se encuentra en crisis y da paso a una nueva forma de organización del sistema. Un viejo que modelo capitalista se bambolea a los pies de otro modelo capitalista “nuevo” que se levanta radiante. Al fin, como ya se ha dicho el estado parece ser a un junta de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.

 

Bibliografía:

«El protagonismo estatal en la crisis global». García Lineras. En Caras y Caretas, número 1270.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gabriel Boric asumió la presidencia de Chile

Masacre de los trabajadores de talleres Vasena. Buenos Aires 1919. Páginas de nuestra historia (X)