Lo que llamamos el "progreso" del capitalismo trae consigo, inevitablemente, el avance de los derechos.
El desarrollo del capitalismo, al igual que cualquier proceso social o forma de relación entre las personas y su entorno (metabolismo social), "evoluciona" de manera constante. Este progreso no (y sus malos ratos) no debe recaer únicamente sobre unos pocos: el “progreso” del capitalismo implica que todos deben asumir sus consecuencias. Los trabajadores se ven obligados a adaptarse a cambios permanentes, impulsados por el deseo del capital de incrementar su valor y multiplicar las mercancías. Los dueños de los medios de producción (cada vez más concentrados y ricos) dirigen este “crecimiento”, fortaleciendo su capacidad y su voluntad de acumular más riqueza día tras día. Sin embargo, paralelamente, también crece el deseo de quienes realmente generan esa riqueza: el deseo de conquistar derechos y escapar de una lógica desigual que los condena a jornadas laborales extensas, a condiciones que vulneran sus derechos, a enfermedades físicas o mentales derivadas del trabajo, y a ...