No habrá elecciones en Nicaragua
El
anuncio de Daniel Ortega de que «no habrá más elecciones en Nicaragua» se
produjo «amparado en una escenografía norcoreana», según el escritor Sergio
Ramírez. El aserto describe un régimen que se ha cerrado sobre sí mismo luego
de construir una verdadera cárcel a cielo abierto para su población. «La ironía
es devastadora: quienes combatieron una dictadura terminaron siendo perseguidos
por otra que habla en su nombre», escribe Mónica Baltodano desde su exilio en
Costa Rica. Sus críticas demoledoras al régimen adquieren mayor trascendencia
ya que fue parte del sandinismo, integró el gobierno nacido de la insurrección
popular de 1979 que enterró al régimen de Anastasio Somoza, para luego abrirse
cuando el matrimonio de Ortega y Rosario Murillo cerró todos los espacios de
libertad.
En
1972, con 18 años, Baltodano se integró al Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN). Cinco años después fue detenida y torturada y, al ser
liberada, dirigió la insurrección en Managua y las tomas de Jinotepe y Granada.
Después del triunfo sandinista, el 19 de julio de 1979, recibió el grado
honorífico de comandante guerrillera y ocupó diversos cargos ministeriales. En
2023 la dictadura le quitó la nacionalidad, la declaró «traidora a la patria»,
sus bienes fueron confiscados y su jubilación, despojada. Con la misma
intensidad con que combatió a la dictadura de Somoza, Baltodano denuncia al
matrimonio que concentra el poder casi absoluto en Nicaragua. Piensa que la
conformación de esta dictadura de nuevo tipo estuvo acicateada por la guerra
que la administración estadounidense de Ronald Reagan promovió contra el
gobierno que nació del derrotado somocismo, que se concretó en una permanente
agresión armada a manos de los contras financiados por la venta ilegal de armas
a Irán.
Sin
embargo, Baltodano no comulga con el pensamiento de algunas izquierdas que
colocan todos los problemas en sus adversarios, sin querer asumir desviaciones.
«Tampoco pueden ocultarse los errores propios: las violaciones a los derechos
humanos, la represión contra comunidades indígenas y campesinas, las
restricciones a las libertades públicas y, sobre todo, la creciente
concentración del poder en un reducido grupo de comandantes», señaló en un
escrito reciente.
El
fraile brasileño Frei Betto apunta en la misma dirección. Recuerda que Ortega
está en el poder desde hace 19 años, desde las elecciones de 2007, y que la
última presidencial, celebrada en noviembre de 2021, fue impugnada porque los
principales candidatos de oposición estaban presos. «Ortega ha estado en el
poder más tiempo que cualquiera de los miembros de la dinastía dictatorial de
los Somoza, el grupo familiar que mandó
en el
país durante más de 40 años y que el propio Ortega ayudó a derribar», dijo.
Como Baltodano, atribuye la deriva dictatorial a la concentración del poder.
«En dos años de trabajo en el Planalto (2003-2004) aprendí que el ser humano es
vulnerable a cinco grandes tentaciones: la primera es el poder; la segunda, el
poder; la tercera, el poder; la cuarta, el dinero; la quinta, el sexo. Las tres
primeras garantizan las dos últimas. Eso vale para cualquier escala de poder,
de directora de escuela a administrador de una farmacia.»
La
exguerrillera y el fraile dominico coinciden también en comparar a Ortega con
Somoza. Baltodano considera que Ortega aprendió del somocismo el control de las
organizaciones sociales. «La autonomía universitaria se conquistó bajo Somoza y
ahora ya no existe. Huelgas y manifestaciones se podían realizar bajo aquel
régimen, pero el de Ortega es muchísimo más represivo y más cerrado que el
régimen somocista.» Es cierto que Somoza bombardeaba ciudades, «pero había una
insurrección popular y acciones armadas. Ortega fue capaz de asesinar a 355
personas entre el 18 de abril y el 19 de julio de 2018, gente que estaba
desarmada, y ese tipo de masacres no las hizo Somoza».
La
rebelión de abril de 2018 fue un punto de inflexión. Cientos de miles de
nicaragüenses salieron a las calles contra la reforma de la seguridad social;
se destacó el papel de los estudiantes y las generaciones más jóvenes. Luego de
la masacre, el régimen mostró su peor faceta dictatorial, lo que llevó a miles
de personas al exilio, mientras cualquier discrepancia era silenciada y las
cárceles se llenaban de veteranos sandinistas, como sucedió con la excomandante
Dora María Téllez.
Frei
Betto dice que Ortega se ha enquistado en el poder mediante fraudes electorales
y deteniendo y exiliando a los candidatos opositores, a los que, además, quitó
la nacionalidad. «Las dictaduras no siempre irrumpen mediante un golpe de Estado»,
dice, a su vez, Baltodano. «Muchas se construyen lentamente: concentran el
poder, destruyen los contrapesos institucionales, normalizan la corrupción y se
alimentan de las complicidades y de los silencios». El primer paso, luego de la
derrota electoral de 1990, fue la piñata, la apropiación de fincas, tierras,
acciones en empresas industriales que habían sido confiscadas al somocismo, lo
que permitió la conformación de «un nuevo sector emergente capitalista que se
apoya en el poder de Ortega y lo defiende».
Hubo
otros momentos marcantes en el proceso. Zoilamérica Narváez, hija de Murillo,
denunció que su padrastro abusaba sexualmente de ella desde niña. «Estuve 12
años bajo abuso sexual. Y luego ocho con acoso sexual», dijo a la BBC. Pero
Murillo apoyó a Ortega y despreció a su hija, que debió exiliarse en Costa Rica
en 1998. Gran parte de las izquierdas de la región no quisieron escuchar su
tremendo testimonio.
En
esos años noventa, y desde la oposición, Ortega pactó con el entonces
presidente conservador Arnoldo Alemán un reparto del poder estatal entre el
FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista. El acuerdo lubricó su regreso al
poder y sus posteriores derivas, al suponer el control bipartidista de la Corte
Suprema de Justicia, del Consejo Supremo Electoral y la Contraloría General, y
crear mecanismos para asegurar la impunidad de ambos (Alemán enfrentaba cargos
de corrupción).
Luego
de su triunfo electoral de 2007, el clan Ortega-Murillo se apropió de fondos
por la importación de petróleo desde Venezuela, además de participar en
diversos negocios con sus aliados, al punto que, según Baltodano, «se convirtió
en parte de las nuevas oligarquías utilizando al Estado para proteger sus
intereses y los de sus aliados». Aunque se define como un presidente
«cristiano, socialista y solidario», el objetivo de Ortega es el control
absoluto del poder. «Hasta que Dios me dé vida», dijo.
Titulo
Original: “La Nicaragua de Daniel Ortega. Tras las huellas de Somoza”. Raúl
Zibechi. Publicado en Brecha el 31 julio, 2026. Brecha numero 2123
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