Lo que viene después

 

Se ha repetido estos días una noticia machaconamente, presentada de cualquier forma, como un anuncio sin anunciar: algo que, al parecer, surge del gobierno. Se ha difundido que vehículos militares recorrerán barrios de Montevideo (los barrios pobres, ¡obviamente!).

Desde el sentido común marcado y construido por la prensa de las 19 horas, parece razonable la medida que se pretende. Sin embargo, cabe preguntarse qué vendrá después. Sobre este punto, el movimiento sindical ha sido claro, indicando —como siempre, de manera diáfana— por dónde puede ir la cosa. Preocupa, y preocupa mucho, la idea de vincular el narcotráfico —también llamado “narcoterrorismo” por los paladines de la derecha mundial— con la necesidad de pedir auxilio a quienes hace casi 50 años recibieron la orden de actuar pisando sobre los cuerpos y las ideas de quienes querían un mundo mejor.

No pasará mucho tiempo antes de que, de forma arbitraria, empecemos a ser considerados todos (los pobres) “narcoterroristas”. Para esto, basta ver el caso de El Salvador donde hay personas presas sin que se sepa bien por qué, y otras que han desaparecido en igual situación.

Se han abierto las puertas a una posibilidad terrible, darle la posibilidad a  quienes manejan armas de guerra vengan a solucionar “mágicamente” los problemas de un capitalismo fracasado; un sistema que ha encontrado, como única forma de valorizar mercancías a gran escala, el comercio ilícito de sustancias alucinógenas. Cuando se despliegan masivamente armas en manos de personas entrenadas para matar, lo único que cabe esperar es precisamente eso: muerte (de gente pobre). Una muerte que no distingue entre buenos y malos; pero que si distingue entre ricos y pobres.

Eso es lo que parece estar haciendo el gobierno actual: abriendo la puerta para que esto comience a ocurrir. Qué pasará mañana, no lo sabemos. Por lo pronto, medios de comunicación que estuvieron detrás de etapas de restricción democrática parecen impulsar esa conexión casi artificial entre terrorismo y narcotráfico. Inspirados en la realidad de los años 60, crean una asociacion asociación tras una mezcla caprichosa. Para comprobarlo, basta leer la página 15 de la edición 2384 del semanario Busqueda, semanario que supo justificar la la ausencia democracia para “salvar la democracia”. Asi se empieza a construir nuevamente un enemigo, con el fin de justificar intervenciones más duras: las mismas que en el pasado nos dejaron con cientos de personas desaparecidas.

 

 

 

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